×
×

Memoria De Una Guitarra

Memoria De Una Guitarra

Editorial: 
Año publicación: 
Tipo publicación: 

La guitarra, «voz de profunda madera» –como la calificaba Nicolás Guillén– ha sido desde siempre un instrumento musical vinculado al “canto popular”, y de forma especialmente vital y entrañable a la historia de nuestra “canción de autor” desde sus orígenes.

Ya Carlos Gardel en 1935 lo cantaba: «Guitarra, guitarra mía, / por los caminos y el viento / vuelan en tus armonías / coraje, amor y lamento». Voz a la que se une el canto de Víctor Jara en su “Manifiesto” fundido con el de Violeta: «Guitarra trabajadora con olor a primavera...; tiene corazón de tierra y alas de palomita». O la voz de Silvio Rodríguez cuando afirma que «la guitarra del joven soldado es su mejor fusil». O la conclusión a la que llega y formula Jorge Drexler en una de sus canciones: «Hay tantas cosas, yo sólo preciso dos: mi guitarra y vos».

Todas estas evocaciones poéticas, y muchas más, se han agolpado en mi pensamiento y en mi sensibilidad al encontrarme un buen día, gracias a Román López Cabrera, con su cómic “Memoria de una guitarra”.

En ese clima de evocaciones y de sonoridades he visualizado, he leído y me ha atrapado la historia y el testimonio de Pepe Soler, cantautor que la protagoniza.

Durante ese primer acercamiento, al que le han seguido varios, no he dejado de imaginarme a Pepe Soler frente a su guitarra diciéndole algo muy similar a lo que Zitarrosa le susurraba a la suya –“guitarra negra”–: «Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía...».

Román López Cabrera –o sea Pepe Soler– lo ha logrado plenamente recurriendo, por una parte, a una minuciosa investigación sobre la historia real de nuestra “canción de autor”, y, por otra, quizá la más importante, a través de la recuperación de la memoria contra el olvido, posición ante la que me siento plenamente identificado –es una de mis irrenunciables obsesiones–... “Memoria de una guitarra” narrada y cantada por Pepe Soler a corazón abierto, en pie sobre un escenario y con la desnudez de su guitarra; ¡y ”pa” que más! «Coraje, amor y lamento».

El resultado final de todo ese proceso creativo es una magnífica obra desarrollada utilizando el lenguaje del cómic: lenguaje en el que se funden la imagen, la palabra y, particularmente en este caso, la intuición del vuelo de las armonías y de los latidos que se originan cuando la palabra se hace música.

No sé como explicarlo, contemplando y leyendo esta “Memoria de una guitarra” mi casa, el rinconcillo en el que trabajo y mis silencios se han sentido inundados de canciones.

Por último hay algo en la obra de Ramón López Cabrera que me gustaría subrayar: Por mi parte, hace ya más de cuarenta años que vengo escribiendo sobre la “canción de autor” –sobre su identidad, su actualidad y su historia–; más de cuarenta años narrando lo que considero “una crónica de los silencios rotos” y un testimonio personal de “mi vida entre canciones”. Ahora, disfrutando de esta “Memoria de una guitarra”, me he sentido feliz –feliz y esperanzado–; creo que esta obra se engarza armónicamente con mi trabajo, ¡lo enriquece y lo supera!.

Tanto que la considero y la recomiendo como necesaria para conocer y comprender mejor la historia “de un tiempo y de un país” y, a la vez, como un testimonio apasionado capaz de centrar y de apasionar a las nuevas generaciones de cantautores y cantautora, a las que felizmente vendrán, a quienes amamos la “canción de autor” y por supuesto –¡ojalá!– a quienes, quizá por desconocimiento o desinformación, aún no la han descubierto ni la aman

¡Gracias Román! ¡Gracias Pepe Soler!, además de haberme hecho disfrutar, habéis conseguido realimentar felizmente mi esperanza en el futuro de la “canción de autor”, canción siempre “al ven”, ¡como quien respira!. ¡Gracias! (Proogo de FERNANDO GONZÁLEZ LUCINI.)

¡Cantad alto! Oiréis que oyen otros oídos. ¡Mirad alto! Veréis que miran otros ojos. ¡Latid alto! Sabréis que palpita otra sangre. No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.» (Rafael Alberti)