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YO POETA DECLARO: HANNIBAL BECQUER

                                                                                                                       

Decía Tony Soprano que es bueno estar en algo desde el principio y que él había llegado tarde a todo, que tenía la sensación de que llegaba al final cuando lo mejor había acabado. Son unas palabras muy adecuadas para mí, que nací en Madrid, en 1991. 

No tuve ningún interés por la literatura hasta los 19 años. Comencé a escribir al acabar 2º de Bachillerato por la influencia de los talleres literarios de Jesús Urceloy –quien me ha enseñado todo lo que sé, aunque no todo lo que sabe– a los que aún asisto. He participado en numerosos recitales poéticos por todo Madrid y algún micro abierto. También he publicado varios poemas en la antología “24 poetas tímidos” (Amargord, 2014) y añadí un poema final para el segundo libro de Sesi García ("Otro perfume de hablar", Eirene Editorial, 2014). Actualmente estoy trabajando en lo que me gusta pensar como mi primer poemario.

He aprendido de las palabras de Gil de Biedma, de Pepe Hierro; de la técnica de Ángel González, la crudeza de Anne Sexton, del surrealismo (o suprarrealismo, como recuerdo que es correcto llamarlo) de Lorca y de toda la realidad que podían darme Raymond Carver o Charles Bukowski. Y como no sólo hay poesía en la poesía –el verso es un mero trámite- también encuentro influencias en el cine o la televisión (American beauty, The Wire) hasta la música (Bob Dylan, Johnny Cash, Billie Holiday) pasando por cualquier elemento que me rodea.

Mi concepción de la poesia no tiene un significado muy distinto al que podéis encontrar en el diccionario. En él se la define como “expresión de la belleza mediante la palabra escrita” y así es como la entiendo. También creo en el trabajo que exige y en el equilibrio entre mensaje y ritmo dentro del poema. Y, por último, desconfío de los que creen en la inspiración divina, reniegan o rechazan el trabajo que requiere alcanzar la precisión exacta de las palabras. 

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Dos poemas de Hannibal Becquer:

                                                                 

                                                                 

«Y ocurrió que quienes tenían voz para expresar la esperanza de los adormecidos rebuscaron entre las piedras para encontrar de nuevo el vocablo preciso, la frase acertada, el redoble de conciencia... Nuevos bardos recordaron que su oficio consistía en importunar con la solicitud de quien no se resigna a ser mendigo, en el tono bronco de quien sabe exigir lo que le corresponde» (Carlos Álvarez)