×
×

Pep Lladó

Pep Lladó

Tipo: 
Autor / Intérprete
Fecha de nacimiento: 
Año de nacimiento: 
Lugar de residencia: 

Detalle autor

Biografía

Nací y he vivido siempre en El Maresme, una comarca cercana a Barcelona, una estrecha franja de tierra entre las montañas de la Serralada Litoral y el mar. Las montañas del Maresme son más bien bajas y redondas, surcadas de plácidos senderos entre pinos y encinas. Las playas son de arena blanca, largas y tranquilas. Es una naturaleza amable que invita a ser habitada… casi siempre. Sucede que, muy de vez en cuando, es como si despertara un dragón dormido y los vientos se vuelven huracanados, los pequeños riachuelos, torrentes desbordados y el mar ruge tan fuerte como el Atlántico más embravecido en la Costa da Morte.

Antes de empezar este pequeño relato de mi trayectoria vinculada a las canciones, quizás deba contar que la historia de mi vida e incluso mi carácter, tienen mucho que ver con la naturaleza de esta tierra donde vivo.

Nací en Argentona el 14 de septiembre de 1961. Soy el mayor de seis hermanos. La música llego a mi vida, de manera intensa, en la adolescencia pero la poesía la llevo impregnada desde mi nacimiento. Mi padre ha escrito siempre poesía. Le recuerdo recitando sus poemas a mi madre y sobre todo, recuerdo levantarme de la cama a hurtadillas, cuando todos dormían y ver a mi padre sentado en la mesa del comedor, frente a un papel y bolígrafo en mano, con la mirada perdida como esperando que llegara de quien sabe dónde la rima que andaba buscando. A veces me descubro en ese mismo gesto y siento un agradecimiento emocionado.

Como he dicho, la música llegó más tarde, con un piano de pared que trajo a casa mi tío. Creo que llego en el momento perfecto, justo cuando necesitaba con ansias un canal en el que fluyeran mis inquietudes de adolescente inadaptado. Y así vinieron las tardes escuchando vinilos con los amigos, los primeros grupos, el conservatorio y poco a poco me fui viendo a mí mismo como a un músico.

            

Me siento afortunado de haber podido hacer de mi pasión el trabajo con el que he podido sustentar a mi familia. Solo por eso ya estoy inmensamente agradecido al destino, pero hay mucho más. Muy pronto me di cuenta de que componer canciones, incluso cuando estas respondían a encargos de terceros, pedía de mí que se abrieran esas puertas mágicas que conducen a nuestro universo interior. El acto de componer nos lleva siempre a mirar hacia adentro y escuchar nuestra alma, a buscar en los rincones escondidos de nuestra memoria y nuestros sentimientos. Esa es la única manera de conseguir el milagro de que aparezca una canción donde antes solo había silencio y un papel en blanco. Así, sin darme cuenta, sucedió que, componer canciones, además de ser mi oficio, se convirtió en la forma con la que yo me he ido explicando a mí mismo lo que me iba sucediendo a lo largo de mi vida.

 

Con un poco de oficio y mucha implicación, me gané el pan felizmente durante muchos años ejerciendo de compositor, pianista y productor discográfico, hasta que a finales del año 2008 mi vida dio un vuelco inesperado. Loli, la que fue durante más de treinta años mi amada compañera, murió de forma repentina dejándome sumido en un mar de tristeza. Antes he hablado de los terribles temporales que a veces asolan las tierras apacibles del Maresme. Este fue el más terrible de todos ellos. Ya no era capaz de abrir esas puertas mágicas de las que antes hablaba, ya no podía viajar por los paisajes de mi mundo interior, ni tan siquiera podía enfrentarme al silencio y a la soledad sin que me inundara la tristeza más profunda y pensé que jamás podría volver a componer porqué jamás podría volver al lugar interior donde nacen las canciones.

Sin embargo, tuve la suerte de tener a mi lado personas muy amadas que me hicieron ver que la vida me había proporcionado una herramienta poderosísima para afrontar mí duelo y esta herramienta eran los propios resortes que uno usa cuando compone. Gracias a estas personas, un día pude juntar el valor necesario para afrontar la empresa de componer las canciones más bellas que pudieran salir de mi corazón para hablar de Loli, del dolor atronador de su ausencia y de la promesa de la alegría que un día habría de ser capaz de sentir por la vida vivida a su lado. Acompañado por mis amigos, todos ellos músicos de gran talento, zarpé hacia el viaje interior más importante de mi vida: “Andar Contigo”.

Durante más de un año estuve componiendo en soledad las canciones de este álbum. Ya no se trataba de cumplir con ningún encargo profesional, ni tan siquiera un impulso meramente artístico, se trataba de una guerra entre el dolor y la poesía en la que me estaba jugando la vida. Si el dolor vencía a la poesía, esta dejaría de tener sentido para siempre y sin poesía, la misma vida se convertía en algo sin sentido. Si, por el contrario, la poesía era capaz de vencer al dolor, se abría un camino de esperanza. Cada verso en las canciones de “Andar Contigo”, cada melodía, fueron pequeños pasos que me permitieron avanzar en este camino y si hoy estoy aquí escribiendo estas palabras es porqué venció la poesía y gracias a ella, pude aceptar y encauzar el gran dolor que me causaba la pérdida de mi amada Loli.

Andar Contigo es un trabajo excepcional en todos los sentidos que cambió mi forma de relacionarme con la música. Quizás debido a eso, en los proyectos que le sucedieron, sentí un impulso que jamás había sentido con anterioridad, el de cantar yo mismo las canciones que componía. Quizás porqué el compromiso entre mis canciones y yo se había hecho más estrecho, quizás porque depositar mis canciones en la voz de otro cantante ahora se me antojaba un acto de cobardía, a mis cincuenta y tantos me hice, sin remedio, cantautor.

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)