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Joaquín Sabina

Joaquín Sabina

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Biografía

Joaquín Ramón Martínez Sabina nació en Úbeda (Jaén) el 12 de febrero de 1949. Cursó sus estudios primarios en el colegio de las monjas Carmelitas, y el bachillerato en los Salesianos.

En 1968 se trasladó a Granada para iniciar sus estudios de Filología Románica; nada más llegar, entró en contacto con un grupo de jóvenes escritores –fundamentalmente poetas– que solían reunirse en la universidad y en los bares cercanos a ella, para desfogar –en tertulias mojadas de vino tinto– sus inquietudes literarias, sus posiciones claramente antifranquistas y, sobre todo, la pasión por la vida y por la libertad que todos ellos compartían.

        

Entre aquellos jóvenes conoció a Pablo del Águila –poeta que le descubrió a César Vallejo, que le regaló algunos poemas de Neruda, y hacia el que siempre sintió una gran admiración–, a Juan de Loxa –que acababa de poner en marcha un colectivo poético llamado "Poesía 70", del que Joaquín fue colaborador– y a Carlos Cano –que, como él, escribía versos sin imaginarse entonces, ninguno de los dos, que llegarían a convertirse en dos grandes cantautores.

En aquel ambiente, Joaquín se hizo un revolucionario sensible y radical, lo cual, en sus circunstancias, era especialmente problemático y delicado, dado que su padre pertenecía al cuerpo de inspectores de policía.

En 1970, tras participar con un grupo de amigos en la colocación de un cóctel molotov en una sucursal del Banco de Bilbao, de Granada, como protesta por el Proceso de Burgos, se vio obligado a hacerse con un pasaporte falsificado y a cruzar la frontera con su nuevo nombre de exiliado: Mariano Zugasti.

Ya en Londres, Joaquín primero, se propuso ganarse la vida ejerciendo cualquiera de esos tediosos trabajos que a nadie le gustan y siempre recaen sobre los más necesitados; pero no, aquello no estaba hecho para él, y pronto decidió buscarse un oficio más divertido: tocar la guitarra en los mismos restaurantes donde podía estar sirviendo comida o fregando vajillas. Y así lo hizo y, pasado el tiempo, llegó a convertirse en el rey del bolero y de la copla en un pequeño circuito de restaurantes latinos en los que cantaba; experiencia de la que tal vez surgiría después su complicidad con la noche y con los personajes que la viven y la habitan. (Concretamente en un bar llamado “Mexicano-Taverna”, cantó ante George Harrison que estaba celebrando su cumpleaños. El ex-beatle ante la felicitación musical de Sabina, le dio una propina de cinco libras.)

Al mismo tiempo, sobre todo durante los fines de semana, colaboraba en algunas de las actividades culturales que organizaban en el Club Antonio Machado –al que solían acudir muchos exiliados y emigrantes españoles– y continuó desarrollando su afición poética que, a partir de 1975, ya empezaba a concretarse de textos para ser cantados.

         

Fue en aquellos años cuando se autoeditó su primer libreto de canciones titulado "Memorias del exilio", canciones primerizas que en más de una ocasión interpretó actuando de telonero de Paco Ibáñez, de Lluís Llach, de Pi de la Serna o de Elisa Serna.

En 1977, consiguió que Fernando Morán –en aquel momento cónsul en Londres– le legalizara su pasaporte para poder volver a España, donde la transición democrática estaba en marcha y los llamados "cantauores" se encontraban en pleno apogeo.

A su regreso lo primero fue lo primero: cumplir con el "servicio militar obligatorio" en Mallorca, y, después, ya instalado en Madrid, grabar su primer disco, titulado "Inventario" (1978), producido por Gustavo Ramudo, en el que interpretó algunas canciones de su libro "Memorias del exilio".

Con su primer disco ya en la calle, empezó a cantar en diferentes pubs y cafés madrileños y a apoyar, con su presencia y con su arte, el proceso de transición democrática español; por supuesto siempre en una clara posición de "izquierdas" y reivindicando la libertad –en el sentido más amplio y radical de la palabra– y la defensa de los derechos humanos.

Entre 1979 y 1980 Joaquín, ya plenamente integrado en la nueva realidad española y, más concretamente, en la madrileña, inició un proceso de búsqueda de su propia identidad como músico y como poeta, y así fue como, sin renunciar del todo al concepto clásico de "cantautor", optó por incorporar a sus textos un realismo urbano desenfadado e irónico –muy próximo al universo de la marginalidad, con sus luces y con sus sombras– y, a la vez, por aproximarse, desde el punto de vista musical, a las posibilidades expresivas del rock que, en aquel momento, ya empezaban a apuntar hacia lo que sería la "movida madrileña".

Fue por entonces cuando cambió de compañía discográfica y firmó un nuevo contrato editorial con CBS, compañía en la que grabó su segundo LP, "Malas compañías" (1980).

Ese mismo año inició sus actuaciones en La Mandrágora con Javier Krahe, Alberto Pérez y el guitarrista Antonio Sánchez, y, con ellos, hizo una primera presentación televisiva en el programa "Esta noche", que dirigía y presentaba Fernando García Tola.

En 1981, se editó el álbum "La Mandrágora" –grabado en directo–, y en 1993 Joaquín empezó a cantar con su primera banda, a la que inicialmente llamó "Ramillete de Virtudes", para convertirse poco después en "Viceversa".

Ese mismo año grabó su cuarto disco, "Ruleta rusa" (1984), una de sus primeras joyas musicales y poéticas con temas tan extraordinarios como "Viejo blues de la soledad", "Juana la Loca", "Guerra Mundial" –de Manolo Tena– o "Negra noche" –canción compuesta con Hilario Camacho.

Por entonces Fernando Tola volvió a reclamarle en su nuevo programa de TV, "Si yo fuera presidente", y con su colega Krahe regresaron a la pequeña pantalla con atrevimientos como "Telespañolitos", canción escrita por ambos que, por cierto, no tiene desperdicio.         

En 1985, Joaquín abandonó la compañía discográfica CBS y fichó con Ariola. Su primera grabación con Ariola fue "Juez y parte", disco que recogió canciones bellísimas como "Balada de Tolito" –creada y grabada en el programa de RTVE “Vivir cada día”–, "El joven aprendiz de pintor", "Rebajas de enero", "Ciudadano Cero", o "Princesa" escrita en colaboración con el cantautor malagueño Juan Antonio Muriel. Ese mismo año Joaquín participó en la fiesta pro referéndum para la salida de la OTAN y estrenó "Si te he visto no me acuerdo”, una canción que glosa los tres años de gobierno socialista.

En febrero de 1986, Joaquín celebró un concierto memorable en el teatro Salamanca de Madrid, con invitados como Ricardo Solfa, Javier Gurruchaga, Luis Eduardo Aute y Javier Krahe, y con su excelente banda musical. Concierto que se transformó en una auténtica fiesta popular y que fue grabado en directo y editado por Ariola con el título de "Joaquín Sabina y Viceversa. En directo".

Aquel mismo año, la Diputación de Granada editó un libro con poemas inéditos de Joaquín titulado "De lo cantado y sus márgenes".

         

A partir de entonces la carrera musical de Sabina fue imparable; imparable no sólo respecto a su popularidad, dentro y fuera de España, sino, sobre todo, en lo que se refiere a la cada vez más creciente calidad de sus canciones y de sus capacidades interpretativas. Acababa de nacer, sin lugar a dudas, uno de los genios más inspirados y más lúcidos de nuestra canción popular; un prodigioso lector y relator de la realidad cotidiana, siempre contemplada desde el prisma de la sensibilidad; un hombre enamorado de la vida –a la que se niega a ponerle límites– y un ciudadano solidario y pacifista que nunca dudó de cantar contra la OTAN, contra la guerra del Golfo, o contra todo aquello que hiciera falta porque pudiera llegar a suponer un atentado contra su dignidad y su felicidad, y contra la de todos y cada uno de los seres humanos.

En 1987, Joaquín grabó su disco "Hotel, dulce hotel", al que le siguieron "El hombre del traje gris" (1988) –disco en el que, entre otras, cabe destacar la hermosísima canción "¿Quién me ha robado el mes de abril?"–; "Mentiras piadosas" (1990); "Física y química" (1982) –álbúm que se abría con el tema "Y nos dieron las diez" que supone un claro ejemplo del arte que Sabina posee para narrar historias e implicarnos en ellas–; "Esta boca es mía" (1994) –con la colaboración de Pablo Milanés, Rosendo, Javier Ruibal y Álvaro Urquijo–; "Yo, mi, me, contigo" (1996); "Enemigos íntimos" (1998) –grabado al cincuenta por ciento con Fito Páez–; y "19 días y 500 noches" (1999), álbum por el que recibió el "Premio Ondas 2000" y cuatro galardones de los "Premios de la Música" que concede anualmente la Sociedad General de Autores y Editores, los "premios al mejor álbum, el mejor artista, a la mejor canción y al mejor autor".

En el verano de ese mismo año (2000) Joaquín sufrió un leve infarto cerebral que a punto estuvo de dejarlo postrado en una silla de ruedas. No obstante, pocas semanas después, logró recuperarse sin que le quedara ninguna secuela importante.

Repuesto del "ictus" –pero cuidándose– Joaquín reanudó su trabajo creativo tanto musical como literariamente. En el año 2001 publicó un doble disco recopilatorio titulado "Nos sobran los motivos", al que le siguieron "Dímelo en la calle" (2002); un nuevo recopilatorio llamado "Diario de un petón"(2003); y en el año 2005 "Alivio de luto", esperado trabajo, tras tres años de silencio, en el que le acompañaron grandes poetas como Luis García Montero, José Caballero Bonald, Jaime Asúa, Benjamín Prado y el mismísimo Leonard Cohen del que interpreta una "versión libérrima" de la canción "Pie de guerra".

Tras la edición de "Alivio de luto", Joaquín Sabina reanudó sus conciertos y giras por España y por diferentes países latinoamericanos –en los que es considerado un auténtico ídolo–; recibió la "Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes" (2006) y publicó una antología llamada "Punto... y seguido", que, en formato de doble caja (18 CD y 2 DVD), incluye todos sus discos, más colaboraciones, directos y rarezas.

Para concluir, mencionar su disco "Vinagre y rosas", grabado en 2009; y, por supuesto, su intensa aventura musical, poética y viajera con Joan Manuel Serrat concretada en muchos conciertos compartidos y en tres discos: "Dos pájaros de un tiro" (2007), "Serrat y Sabina. La orquesta del Titanic" (2012), y "Sabina y Serrat en el Luna Park" (2012).

   

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)