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Gabriel Encinar

Gabriel Encinar

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Biografía

«Soy del jardín / de la mariposa / de lo más sutil / del polen, la flor / del agua del río / del sol / del aire, del viento. / Y también soy / del hacha afilada / del odio brutal / de muerte con bala / de sangre mortal / y soy / del golpe violento.

Si me arrebatan la flor del jardín: / del golpe violento, / si es que envenenan el agua del río: / del golpe violento, / y si es que asfixian el aire y el viento: / del golpe violento.

Soy como veis / del género humano ( del beso, la flor / de cuchillo en mano /de ira y rencor / de amor / soy bueno / y soy malo “.

Tal vez esta canción, que compuse hace años y que jamás publiqué más que por pudor –del que carezco–, por circunstancias diversas, expresa quién soy. Esto es, uno más.

Siempre me gustó: “…uno de tantos /derrotados por el tiempo / uno de tantos humanos / que se ha dejado la vida / en el inútil intento / de mejorar primaveras / plantando más / azucenas / en aceras de cemento…”.

Y es que aún reconociendo mi intento por “llegar” a algo en esto de la canción de autor en mi juventud y años ya de madurez, lo cierto es que la fortuna me fue esquiva. O mejor dicho, nunca estuve en el sitio oportuno, en el momento adecuado.

Tampoco voy a negar que a mis diecisiete años me propusieron grabar un disco tras un concierto dado en “El Círculo de Artesanos de A Coruña”, recuerdo con nitidez cuando un joven se acercó a mí al día siguiente y me lanzó ese dardo tan apetecible, se trataba de la discográfica “EDIGAL”. La única condición era hacerlo en gallego, a lo que yo respondí con un "no" rotundo sin reflexionar lo más mínimo. Siempre fui educado y escolarizado en el idioma castellano, y sabiendo mis carencias en el idioma materno justificarían mi decisión. Pero hoy por hoy creo que estuve acertado no sólo por la verdad anterior sino porque siempre creí y sigo creyendo en la "Libertad de Expresión" en el sentido más amplio de la palabra. De ahí que me fascinen poetas gallegos de la talla de Rosalía de Castro, Curros Enríquez, Celso Emilio Ferreiro...

Antes de seguir debo ser fiel a mi mismo y decir que mi verdadera vocación desde mi nacimiento era el FUTBOL, el balompié. Se me daba bien, era un zurdo que llegó a militar durante siete temporadas en las distintas categorías inferiores del “Real Club Deportivo de La Coruña”, era una “promesa” pero de nuevo la moneda cayó de cruz. Y “hete” aquí que la cruz se tornó en cara como por encantamiento de un maravilloso hechizo transformando la madera de un Cristo apolillada en una caja repleta de infinitos…acordes azules, melodías rojinegras, en definitiva en “un arma cargada de futuro”.

Como decía mi admirado Agustín García Calvo, el futuro no existe, y es cierto, desde una perspectiva filosófica, sólo hay presente. Pero todos recordamos: “No he perdido la memoria / recuerdo bien aquel tiempo / de luces tenues, / la nieve fría, / las cadenas en las manos / con profundas cicatrices /en la cara y en el alma…”.

Y aun perdonando, no olvidamos: “¡ Cómo olvidar / el olor a cementerio / el color de aquellos muertos /la intransigencia del agua / con la garganta reseca ¡ …

Creo firmemente que la finalidad del ser humano debe ser la felicidad, mas ¿quién se atreve a definirla?, ¿quién osa acapararla? ¿quién tiene la dicha de rozarla? Jamás podrá ser definida por infinita, osarán acapararla los que cortan cabezas, los que dictan sentencia, los que arrebatan el aire y lo perfuman de sangre; los que por miedo profanan las sepulturas / de aquellos que ostentan / al menos / la libertad de estar muertos. Y yo al menos la he rozado cuando he soñado con ser libre.

"Libertad" tan ansiada como inalcanzable, tal vez por redundar: “ Es el sueño imposible / inusual, / terco, / ansiado, / bello, / el aire…”.

Pero retomando el hilo soy un confeso trovador, sí, me gusta este término, aun siendo medieval y también creo que la “etiqueta” de canción de autor es muy adecuada por ser contemporánea.

Hasta el momento he mostrado mi rostro y parte de mis entrañas. Y quiero seguir por la misma senda, sin grandes atajos, pero con la mente en Itaca como cantaba mi admirado LLuis LLach.

Mantengo una relación epistolar desde el año 1995 con mi gran amigo, admirado y respetado Luis Eduardo Aute. Para mi es todo un ejemplo de coherencia a estas alturas de la película, ante este cuadro esperpéntico del planeta Tierra y con ese fondo atronador de pólvora que tiñe el aire de un negro horroroso. El fue quien me animó aquel año 1995, tras escuchar mi disco “El enemigo” a intentar darme a conocer. Tal vez fue un año en clave de sol, pues era un asiduo “cantautor” de las noches coruñesas: locales míticos como “El Garufa”, “El Moka Jazz”, “El Ateneo” y algunos otros se confabularon para darme cabida en sus sueños de poesía y música que alimentaron almas y oídos de amigos y otros seres que conocieron a este llamado Gabriel Encinar.

Creo también firmemente que un trovador, cantautor, un ser humano que componga canciones con su letra correspondiente debe estar siempre al margen del "poder", pues éste es el enemigo número uno de los que amamos la "libertad", es por ello que: «Propongo derribar el poder / por corrupto e intolerante / por hacer de la tortura un arte / y de la opresión un placer “. Espero no escuchar el maldito tópico de “alguien tendrá que gobernar el barco”. Para tal cuestión planteo una frase: «Cada persona es un mundo, que ningún mundo gobierne mi persona».

Sí soy un utópico empedernido, y espero seguir siéndolo. Y sé que soy muy “sentencioso” en mí escribir. Pero es mi manera, mi forma de decir. Aunque también tengo que decir que, si el "amor" y la "libertad" son los dos grandes valores para mi de la humanidad, también lo es el "humor" del que hago gala en muchas de mis canciones porque creo que es una de las mejores maneras no sólo de sonreír sino también de luchar contra el poder establecido y sus reglas de juego.

Y ya me despido de ustedes, espero seguir manteniendo mi esqueleto y continuar militando en la vida.

«Cantemos como quien respira. Porque eso es la libertad, porque es decir que somos quienes somos, porque eso es el amor: respirar o cantar. Porque ambas cosas son la misma: Poesía» (Gabriel Celaya)